domingo, 3 de agosto de 2014

NOVENA DE LA PROSPERIDAD

PRIMER DÍA: ENCOMENDAR NUESTRA VIDA AL SEÑOR PARA TENER PROSPERIDAD


1.- Invocación al Espíritu Santo.
¡Ven, Santo Espíritu! 
¡Ven luz de los corazones! 
¡Dónanos vida nueva!

Ven Espíritu Divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetras las almas;
fuente del mayor consuelo

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas 
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.
Amén.

Oración inicial: Salmo 91
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que resides a la sombra del Dios Omnipotente,
dile al Señor: Tú me proteges y me defiendes,
Dios mío, yo pongo mi confianza en ti.

Él te librará de los peligros ocultos,
de la palabra funesta.
Te protegerá bajo sus alas,
podrás refugiarte a su lado;
su lealtad será tu escudo y protección.

No temerás el peligro por la noche,
ni el ataque enemigo del día,
ni la enfermedad 
que acecha en las tinieblas,
ni la peste que devasta en pleno día.

Aunque caigan mil a tu lado,
diez mil a tu derecha,
a ti no te alcanzarán.
Te bastará abrir los ojos y mirar
para ver el castigo de los malos.

Porque al buscar refugio en el Señor,
hiciste del Altísimo tu protector.
No sufrirás calamidades,
a tu casa no se acercarán los males,
porque Dios encargará a sus ángeles 
que te cuiden dondequiera que vayas.

Te llevarán en las palmas de las manos
para que no tropieces con las piedras.
Caminarás sobre fieras y serpientes,
pisotearás leones y dragones.

El Señor dice:
"En mí se apoya: yo lo libraré;
porque invoca mi nombre, yo lo protegeré.
Yo lo escucharé cuando me llame,
en la aflicción seré su compañero,
lo protegeré y le daré honor,
le concederé una larga vida,
y lo haré ver mi salvación".

2.- Salmo 16: Dios, esperanza de quienes creen en Él.
Señor, escucha mi oración,
atiende a mis súplicas,
presta oído a mis clamores,
que en mis labios no hay engaño.

Yo te invoco porque sé que tú me respondes,
Dios mío: inclina el oído y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha.

Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas, escóndeme
de los malvados que me asaltan,
del enemigo mortal que me cerca.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

3.- Lectura: De la segunda carta de San Pablo a los corintios 9, 8
"Dios puede colmarlos a ustedes de muchas bendiciones, de modo que, teniendo siempre suficiencia en todo, les sobre para ayudar a los demás en toda clase de obras buenas".
Palabra de Dios.
R: Te alabamos, Señor.

4.- Reflexión.
Aquellos que han puesto su fe en el Señor, han encontrado una fuente inagotable de bendiciones, esperanzas y motivaciones. Hay personas que han soportado penurias increíbles, dolores intensos, penas agobiantes; sin embargo con fe en Dios, fuerza de voluntad y firme determinación de vencer, han salido triunfantes en la prueba.

Dice el Señor por medio del salmista: "Invócame en el día de la angustia; yo te libraré, y tú me honrarás". Las personas que saben cultivar la fe en Cristo y conocen las eternas promesas contenidas en las Sagradas Escrituras, tienen un abundante recurso espiritual cuando se hallan en medio de las dificultades.

No estamos solos en el mundo. Cristo vive y está cerca de cada uno de nosotros. Basta que con fe pidamos su ayuda.

5.- Gozos de la prosperidad.
Dios de misericordia y de bondad,
fuente de amor y de clemencia;
te imploramos prosperidad
fruto de tu divina providencia.

"Abres tú mano, Señor,
y sacias de favores a todo viviente";
todo es gracia y regalo de tu amor,
por eso a ti venimos, Dios Omnipotente.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

Con fe sincera te imploramos
que nos colmes de tu santa bendición,
porque sólo de ti esperamos
de nuestros anhelos realización.

Si no fecundas nuestras luchas,
vanas serán nuestras empresas:
por eso, seguro de que nos escuchas,
te pedimos ver cumplidas nuestras metas.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

Padre bondadoso de los marginados
que "amas a quien da con alegría";
haznos solidarios y desprendidos,
y así tengamos tu amorosa compañía.

Que sepamos compartir nuestro alimento
con los hermanos pobres y necesitados,
para que nos sintamos en todo momento
por tu infinita bondad recompensados.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

Que cosechemos frutos abundantes,
de bienestar y de paz para todos;
que nuestra caridad y amor sean constantes
y alcancen a los hermanos alejados.

Que nuestras familias muy unidas,
gocen de tu consoladora presencia;
que abunden en bienestar y alegrías
confiadas a tu excelsa providencia.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

A suplicarte venimos confiados,
esperando recibir todos tus favores,
que nunca se vean frustrados
nuestros anhelos de ver días mejores.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

6.- Recordemos.
"Tu que vives al amparo del Altísimo, a la sombra protectora del Dios Omnipotente, dile al Señor: Tú me proteges y me defiendes, Dios mío, yo pongo mi confianza en tu amor. El Señor dice: "En mí se apoya: yo lo libraré; porque invoca mi nombre lo protegeré. Yo lo escucharé cuando me llame, en la aflicción seré su compañero, lo protegeré, lo amaré, le concederé una larga vida y lo haré ver mi salvación".

7.- Oración final.
Padre,
me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, siempre te daré gracias.
Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal que tu voluntad se cumpla en mí
y en todas tus creaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma,
te la doy con todo el amor de que soy capaz,
porque te amo y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una infinita confianza,
porque tú eres mi Padre.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
SEGUNDO DÍA: LA ESPERANZA CRISTIANA ES EL CAMINO A LA PROSPERIDAD


1.- Invocación al Espíritu Santo.
¡Ven, Santo Espíritu! 
¡Ven luz de los corazones! 
¡Dónanos vida nueva!

Ven Espíritu Divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetras las almas;
fuente del mayor consuelo

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas 
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.
Amén.

Oración inicial: Salmo 91
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que resides a la sombra del Dios Omnipotente,
dile al Señor: Tú me proteges y me defiendes,
Dios mío, yo pongo mi confianza en ti.

Él te librará de los peligros ocultos,
de la palabra funesta.
Te protegerá bajo sus alas,
podrás refugiarte a su lado;
su lealtad será tu escudo y protección.

No temerás el peligro por la noche,
ni el ataque enemigo del día,
ni la enfermedad 
que acecha en las tinieblas,
ni la peste que devasta en pleno día.

Aunque caigan mil a tu lado,
diez mil a tu derecha,
a ti no te alcanzarán.
Te bastará abrir los ojos y mirar
para ver el castigo de los malos.

Porque al buscar refugio en el Señor,
hiciste del Altísimo tu protector.
No sufrirás calamidades,
a tu casa no se acercarán los males,
porque Dios encargará a sus ángeles 
que te cuiden dondequiera que vayas.

Te llevarán en las palmas de las manos
para que no tropieces con las piedras.
Caminarás sobre fieras y serpientes,
pisotearás leones y dragones.

El Señor dice:
"En mí se apoya: yo lo libraré;
porque invoca mi nombre, yo lo protegeré.
Yo lo escucharé cuando me llame,
en la aflicción seré su compañero,
lo protegeré y le daré honor,
le concederé una larga vida,
y lo haré ver mi salvación".

2.- Salmo 32: La Providencia de Dios cuida el mundo.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que Él se escogió como heredad.

El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres;
desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
Él modeló cada corazón,
y comprende todas sus acciones.

No vence el rey por su gran ejército,
no escapa el soldado por su mucha fuerza,
nada valen sus caballos para la victoria,
ni por su gran ejército se salva.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia, 
para librar sus vidas de la muerte 
y reanimarlos en tiempo de hambre.

Nosotros esperamos en el Señor:
Él es nuestro auxilio y escudo,
con Él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. 

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíriru Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre. Amén.

3.- Lectura: Del libro del Eclesiástico 34, 13
"Los que temen al Señor salvarán su vida porque pusieron su esperanza en quien los puede salvar. El que teme al Señor conoce bien su felicidad: ¿En quién se apoya, quién es su fuerza?

La mirada del Señor está puesta sobre los que lo aman, es una poderosa protección, un apoyo resistente, un refugio contra el viento ardiente y el sol del mediodía, un sostén contra las caídas, una ayuda en el momento de caer. El señor renueva el entusiasmo e ilumina los ojos, da salud, vida y bendición".
Palabra de Dios.
R: Te alabamos, Señor.

4.- Reflexión.
La verdadera esperanza supone creer y confiar en Dios, quien por medio de su providencia guía y conduce al hombre a su destino último en la vida eterna. La esperanza del hombre proviene de la presencia permanente de Dios en su vida. Su ser entero está polarizado hacia este encuentro como poder y felicidad suprema. Cuando el hombre vive en esta expectación puede aceptar las realidades del presente, aunque sean dolorosas.

La esperanza en la presencia de Dios nos ayuda en enfrentar la vida con valentía y creatividad, sin temores y con serenidad. La mayoría de la gente no logra prosperidad en su vida porque carece de esperanza y de sueños, no sabe lo que quiere o simplemente, no quiere hacer nada.

Cada uno de nosotros, con la ayuda del Señor, tiene un potencial enorme y es usando nuestras potencialidades y talentos como nosotros lograremos progresar.

5.- Gozos de la prosperidad.
Dios de misericordia y de bondad,
fuente de amor y de clemencia;
te imploramos prosperidad
fruto de tu divina providencia.

"Abres tú mano, Señor,
y sacias de favores a todo viviente";
todo es gracia y regalo de tu amor,
por eso a ti venimos, Dios Omnipotente.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

Con fe sincera te imploramos
que nos colmes de tu santa bendición,
porque sólo de ti esperamos
de nuestros anhelos realización.

Si no fecundas nuestras luchas,
vanas serán nuestras empresas:
por eso, seguro de que nos escuchas,
te pedimos ver cumplidas nuestras metas.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

Padre bondadoso de los marginados
que "amas a quien da con alegría";
haznos solidarios y desprendidos,
y así tengamos tu amorosa compañía.

Que sepamos compartir nuestro alimento
con los hermanos pobres y necesitados,
para que nos sintamos en todo momento
por tu infinita bondad recompensados.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

Que cosechemos frutos abundantes,
de bienestar y de paz para todos;
que nuestra caridad y amor sean constantes
y alcancen a los hermanos alejados.

Que nuestras familias muy unidas,
gocen de tu consoladora presencia;
que abunden en bienestar y alegrías
confiadas a tu excelsa providencia.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

A suplicarte venimos confiados,
esperando recibir todos tus favores,
que nunca se vean frustrados
nuestros anhelos de ver días mejores.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

6.- Recordemos.
La esperanza busca lo bueno de la gente, en vez de hablar constantemente de lo peor. La esperanza descubre lo que puede hacerse, en lugar de quejarse de lo que no se puede hacer.

La esperanza enciende las velas, en vez de maldecir la oscuridad.
La esperanza empuja hacia adelante, cuando sería más fácil desistir.
La esperanza abre las puertas, donde la desesperación las cierra.
La esperanza continúa, a pesar de las angustias.
La esperanza acepta la tragedia, con fe y valor.

7.- Oración final.
Padre,
me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, siempre te daré gracias.
Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal que tu voluntad se cumpla en mí
y en todas tus creaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma,
te la doy con todo el amor de que soy capaz,
porque te amo y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una infinita confianza,
porque tú eres mi Padre.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
TERCER DÍA: LA PROSPERIDAD ES FRUTO DEL AMOR


1.- Invocación al Espíritu Santo.
¡Ven, Santo Espíritu! 
¡Ven luz de los corazones! 
¡Dónanos vida nueva!

Ven Espíritu Divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetras las almas;
fuente del mayor consuelo

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas 
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.
Amén.

Oración inicial: Salmo 91
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que resides a la sombra del Dios Omnipotente,
dile al Señor: Tú me proteges y me defiendes,
Dios mío, yo pongo mi confianza en ti.

Él te librará de los peligros ocultos,
de la palabra funesta.
Te protegerá bajo sus alas,
podrás refugiarte a su lado;
su lealtad será tu escudo y protección.

No temerás el peligro por la noche,
ni el ataque enemigo del día,
ni la enfermedad 
que acecha en las tinieblas,
ni la peste que devasta en pleno día.

Aunque caigan mil a tu lado,
diez mil a tu derecha,
a ti no te alcanzarán.
Te bastará abrir los ojos y mirar
para ver el castigo de los malos.

Porque al buscar refugio en el Señor,
hiciste del Altísimo tu protector.
No sufrirás calamidades,
a tu casa no se acercarán los males,
porque Dios encargará a sus ángeles 
que te cuiden dondequiera que vayas.

Te llevarán en las palmas de las manos
para que no tropieces con las piedras.
Caminarás sobre fieras y serpientes,
pisotearás leones y dragones.

El Señor dice:
"En mí se apoya: yo lo libraré;
porque invoca mi nombre, yo lo protegeré.
Yo lo escucharé cuando me llame,
en la aflicción seré su compañero,
lo protegeré y le daré honor,
le concederé una larga vida,
y lo haré ver mi salvación".


2.- Salmo 34: El Señor, salvación de quienes obran rectamente y con amor.
Venid, hijos, escuchadme:
os instruiré en el temor del Señor;
¿hay alguien que ame la vida
y desee días de prosperidad?

Guarda tu lengua del mal,
tus labios de la falsedad;
apártate del mal, obra el bien,
busca la paz y corre tras ella.

Los ojos del Señor miran a los justos
y a quienes aman,
sus oídos escuchan sus ruegos;
pero el Señor no concede prosperidad eterna
a quienes son malhechores,
y borra de la tierra su memoria.

Cuando un justo clama al señor, Dios lo escucha
y lo libra de sus angustias;
el Señor está cerca de los atribulados,
salva a los abatidos.

Aunque el justo sufra muchos males,
de todos lo libra el Señor;
Él cuida de todos sus huesos,
y ni uno solo se quebrará.

La maldad lleva a la muerte al malvado,
y los que están contra el justo serán castigados.
El Señor redime a sus siervos,
no será castigado quien se acoge a Él.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

3.- Lectura: Carta de San Pablo a los corintios 12, 31 -13, 1 - 8
"Os voy a mostrar un camino más excelente. Aunque hablara los idiomas de los hombres y de los ángeles, sino tengo amor, soy como bronce que suena o una campana que aturde. 
Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas; sino tengo amor, nada soy.

Aunque repartiera todos mis bienes; y entregara mi cuerpo a las llamas, sino tengo amor, nada me aprovecha. El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso; no es jactancioso, no se engríe; es decoroso, no busca su propio interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal; no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.

El amor todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. El amor nunca acaba".
Palabra de Dios.
R: Te alabamos, Señor.

4.- Reflexión.
Entrenarnos en el arte de amar, trae mucha prosperidad a nuestra vida. Y más aún cuando el amor está revestido de esas hermosas cualidades como son el ser paciente, servicial, generoso, sencillo, solidario, mantener el buen ánimo, la serenidad, el sentido de la justicia y de la verdad. Al poner en práctica estas dimensiones del amor, estamos preparando el camino para que haya mucha prosperidad y felicidad en nuestra vida. No podemos pensar que recibiremos sin haber dado. Y si queremos tener prosperidad debemos igualmente hacer el esfuerzo por entregar algo de nuestro ser a través del amor.

Nos damos a nosotros mismos para obtener prosperidad, cuando damos de corazón: amabilidad, alegría, comprensión, simpatía, tolerancia y perdón.
Nos damos a nosotros mismos para obtener prosperidad, cuando damos de nuestra mente: ideas, sueños, propósitos, ideales, principios, valores, planes, inventos y proyectos.
Nos damos a nosotros mismos para obtener prosperidad, cuando damos los dones del Espíritu: oración, paz, fe, esperanza.
Nos damos a nosotros mismos para obtener prosperidad, cuando damos los dones de la palabra: ánimo, inspiración, consejo, alabanza y gratitud.
Nos damos a nosotros mismos para obtener prosperidad, cuando comunicamos: seguridad, certeza, autocontrol, responsabilidad, madurez y luz.
Nos damos a nosotros mismos para obtener prosperidad, cuando eliminamos de nosotros: el odio, la antipatía, la avaricia, el orgullo, la ambición, el egoísmo, la ira y el pesimismo.
Nos damos a nosotros mismos para obtener prosperidad, cuando damos los dones de las acciones: trabajo, investigación, educación, dinero, tiempo y recreación.
Nos damos a nosotros mismos para obtener prosperidad, cuando somos leales con: la familia, los amigos, el país, los propios deberes, la religión.
Nos damos a nosotros mismos para obtener prosperidad, cuando damos ayuda al desplazado, al hambriento, al desnudo; a aquellos que lloran porque no tienen pan, ni médico, ni hogar.
Nos damos a nosotros mismos para obtener prosperidad, cuando damos nuestro apoyo solidario a otro ser humano; cuando no lo etiquetamos con un rótulo según su clase social, raza, grupo o religión.

5.- Gozos de la prosperidad.
Dios de misericordia y de bondad,
fuente de amor y de clemencia;
te imploramos prosperidad
fruto de tu divina providencia.

"Abres tú mano, Señor,
y sacias de favores a todo viviente";
todo es gracia y regalo de tu amor,
por eso a ti venimos, Dios Omnipotente.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

Con fe sincera te imploramos
que nos colmes de tu santa bendición,
porque sólo de ti esperamos
de nuestros anhelos realización.

Si no fecundas nuestras luchas,
vanas serán nuestras empresas:
por eso, seguro de que nos escuchas,
te pedimos ver cumplidas nuestras metas.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

Padre bondadoso de los marginados
que "amas a quien da con alegría";
haznos solidarios y desprendidos,
y así tengamos tu amorosa compañía.

Que sepamos compartir nuestro alimento
con los hermanos pobres y necesitados,
para que nos sintamos en todo momento
por tu infinita bondad recompensados.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

Que cosechemos frutos abundantes,
de bienestar y de paz para todos;
que nuestra caridad y amor sean constantes
y alcancen a los hermanos alejados.

Que nuestras familias muy unidas,
gocen de tu consoladora presencia;
que abunden en bienestar y alegrías
confiadas a tu excelsa providencia.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

A suplicarte venimos confiados,
esperando recibir todos tus favores,
que nunca se vean frustrados
nuestros anhelos de ver días mejores.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

6.- Recordemos.
"Ama y haz lo que quieras.
Si callas, callarás con amor.
Si gritas, gritarás con amor.
Si corriges, corregirás con amor.
Si perdonas, perdonarás con amor.
Si está dentro de ti la raíz del amor,
ninguna otra cosa sino el bien podrá salir de tal raíz".


7.- Oración final.
Padre,
me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, siempre te daré gracias.
Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal que tu voluntad se cumpla en mí
y en todas tus creaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma,
te la doy con todo el amor de que soy capaz,
porque te amo y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una infinita confianza,
porque tú eres mi Padre.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.
CUARTO DÍA:  LA ORACIÓN PERSEVERANTE ALCANZA PROSPERIDAD


1.- Invocación al Espíritu Santo.
¡Ven, Santo Espíritu! 
¡Ven luz de los corazones! 
¡Dónanos vida nueva!

Ven Espíritu Divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetras las almas;
fuente del mayor consuelo

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas 
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.
Amén.

Oración inicial: Salmo 91
Tú que habitas al amparo del Altísimo,
que resides a la sombra del Dios Omnipotente,
dile al Señor: Tú me proteges y me defiendes,
Dios mío, yo pongo mi confianza en ti.

Él te librará de los peligros ocultos,
de la palabra funesta.
Te protegerá bajo sus alas,
podrás refugiarte a su lado;
su lealtad será tu escudo y protección.

No temerás el peligro por la noche,
ni el ataque enemigo del día,
ni la enfermedad 
que acecha en las tinieblas,
ni la peste que devasta en pleno día.

Aunque caigan mil a tu lado,
diez mil a tu derecha,
a ti no te alcanzarán.
Te bastará abrir los ojos y mirar
para ver el castigo de los malos.

Porque al buscar refugio en el Señor,
hiciste del Altísimo tu protector.
No sufrirás calamidades,
a tu casa no se acercarán los males,
porque Dios encargará a sus ángeles 
que te cuiden dondequiera que vayas.

Te llevarán en las palmas de las manos
para que no tropieces con las piedras.
Caminarás sobre fieras y serpientes,
pisotearás leones y dragones.

El Señor dice:
"En mí se apoya: yo lo libraré;
porque invoca mi nombre, yo lo protegeré.
Yo lo escucharé cuando me llame,
en la aflicción seré su compañero,
lo protegeré y le daré honor,
le concederé una larga vida,
y lo haré ver mi salvación".

2.- Salmo 86: Oración perseverante de un pobre en tiempos de dificultad.
Inclina tu oído, Señor, escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegre el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;
porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo, y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
"Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios".

Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío,
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu grande piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal.
mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

3.- Lectura: Lucas 18, 1 - 8
Jesús les mostró con un ejemplo que debían orar siempre, sin desanimar jamás: "En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaba la gente. En la misma ciudad había una viuda que acudía a él para decirle: "Hazme justicia contra mi adversario". 

Durante bastante tiempo el juez no le hizo caso, pero al final pensó: "Es cierto que no temo a Dios ni me importa la gente, pero esta viuda ya me molesta tanto que le voy a hacer justicia; de lo contrario acabará rompiéndome la cabeza".

Y Jesús añadió: "¿Se han fijado en las palabras de este juez malo? ¿Acaso Dios no hará justicia a sus elegidos que claman a Él día y noche, o los dejará esperando? Yo les aseguro que les hará justicia, y lo hará pronto. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra".
Palabra del Señor.
R: Gloria a ti, Señor Jesús.

4.- Reflexión.
La oración es la mejor fuente de bendición para nuestra vida. Preservar en ella nos asegura siempre momentos de mayor luz, paz y prosperidad. La oración es necesaria y eficaz porque nos pone en contacto con Dios, infinita sabiduría; desvanece la oscuridad de los errores que nos destruyen; borra toda huella de pensamientos negativos; dispersa la actitud pesimista; nos da más confianza en el poder protector de Dios; conduce a la armonía, a la seguridad interior, a la fe y al amor.

5.- Gozos de la prosperidad.
Dios de misericordia y de bondad,
fuente de amor y de clemencia;
te imploramos prosperidad
fruto de tu divina providencia.

"Abres tú mano, Señor,
y sacias de favores a todo viviente";
todo es gracia y regalo de tu amor,
por eso a ti venimos, Dios Omnipotente.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

Con fe sincera te imploramos
que nos colmes de tu santa bendición,
porque sólo de ti esperamos
de nuestros anhelos realización.

Si no fecundas nuestras luchas,
vanas serán nuestras empresas:
por eso, seguro de que nos escuchas,
te pedimos ver cumplidas nuestras metas.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

Padre bondadoso de los marginados
que "amas a quien da con alegría";
haznos solidarios y desprendidos,
y así tengamos tu amorosa compañía.

Que sepamos compartir nuestro alimento
con los hermanos pobres y necesitados,
para que nos sintamos en todo momento
por tu infinita bondad recompensados.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

Que cosechemos frutos abundantes,
de bienestar y de paz para todos;
que nuestra caridad y amor sean constantes
y alcancen a los hermanos alejados.

Que nuestras familias muy unidas,
gocen de tu consoladora presencia;
que abunden en bienestar y alegrías
confiadas a tu excelsa providencia.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

A suplicarte venimos confiados,
esperando recibir todos tus favores,
que nunca se vean frustrados
nuestros anhelos de ver días mejores.

Señor Todopoderoso y eterno,
bendícenos con generosidad.
Atiende nuestro humilde ruego:
¡Danos siempre prosperidad!

6.- Recordemos.
Una vez los discípulos se acercaron a Jesús y le dijeron: "Maestro, enséñanos a orar". Él les respondió: "Oren siempre así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánoslo hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, mas líbranos del mal".

7.- Oración final.
Padre,
me pongo en tus manos,
haz de mí lo que quieras,
sea lo que sea, siempre te daré gracias.
Estoy dispuesto a todo,
lo acepto todo,
con tal que tu voluntad se cumpla en mí
y en todas tus creaturas.
No deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma,
te la doy con todo el amor de que soy capaz,
porque te amo y necesito darme,
ponerme en tus manos sin medida,
con una infinita confianza,
porque tú eres mi Padre.

Padrenuestro, Avemaría, Gloria.